La verdadera lealtad

El seudónimo, The Elephant. Lo conocerá si pincha aquí

La Abuela, la Madre.

Hemos elegido el elefante como avatar en representación e nuestra persona por la gran impresión que nos causo al verlo por primera vez en nuestra infancia un animal tan gigantesco y distinto a todos aquellos que conocíamos en las tierras donde nacimos y vivíamos.

Cuenta la mitología, que la imagen de los elefantes para los hindúes y para muchos de los hombres simboliza “Él es el que abre los caminos y el destructor de los obstáculos”.
Los elefantes son portadores de la buena suerte y según la tradición, decían que cuando tenían la trompa erguida, se rocían con oro en polvo disuelto en agua, plata y nueve tipos de piedras preciosas o semi preciosas.

Cuenta la leyenda que, el elefante es respetado por su longevidad, memoria, por su fuerza y aguante. Los elefantes atraen la buena suerte, larga vida, sabiduría, alejan la envidia, atraen la abundancia y ayudan a alejar las envidias.

Son los sueños del pasado, los recuerdos de hoy deseos del mañana. El recuerdo de mi abuela que formo mi carácter, de mi madre, son aquí donde se reflejan mis sentimientos.

Volver a  caminar  nuevamente por la tierra de mis orígenes, donde ella descansa. Deseo, necesito ir a ver la tumba de mi abuela. Lugar para estar solo, sin la presencia de mi mujer ni mis hijos, solo, en ese lugar  para darle las gracias por las grandes enseñanzas que me dio y por inculcarme la disciplina como forma de vida, por dejar en mí todos los recuerdos buenos de la infancia, las gracias por perdonar mis grandes travesuras, por  enseñarme a encauzar mi carácter para el bien, las gracias por  librarme de algún castigo de mi madre, las gracias por calentar mis manos  con las suyas en esa tierra tan fría.

Volver a caminar nuevamente por las tierras que fueron de sus abuelos, que fueron suyas y ahora mías son. Que quiero, que necesito notar el olor de la tierra mojada cuando llueve, pasearme por las parameras  para ver como crecen los cardos silvestres y sus azuladas flores, como rebrota la vida después de la lluvia, notar el olor de los robles cuando crecen, ver  como renacen  miles de flores en las encinas, volver a ver como el viento mece los trigales como una marea sin fin, como las amapolas alegran el color de la tierra, notar  el olor de la manzanilla, de la  lavanda, del heno, de la hierva cuando  brota. Necesito volver a ver como el reflejo del sol chispea contra las aguas de la laguna donde jugaba, oír el croar de las ranas, ver como  sobre las choperas siguen cantando los ruiseñor, como vuelan los siete colorines, volver a ver nuevamente el vuelo irregular de las alondras, oír el canto de la perdiz,.Volver a pasear por las viejas casonas donde los mochuelos con sus grandes ojos en la oscuridad de la noche, nos causaban temor.  El recuerdo de mi primer perro, Tuli.

Seguir recordando mi infancia como uno de mis mayores tesoros, el recuerdo de mis grandes travesuras, sin malicia pero grandes, todos aquellos que fueron mis grandes sueños compartidos con mis amigos de la niñez, aquellos que se cumplieron y aquellos que siguen volando sobre las copas de los olmos.
Pasear solo, para ver el gran cambio que se  ha producido en mí y el porqué ha sido tan grande. Volver nuevamente  a sentir el frío viento sobre mi frente, para sentirme seguro sobre la tierra que estoy pisando y el porqué actúo de esta manera y de como  lo hago. Solo yo, ante mí con mis recuerdos, los más hermosos de mi vida, que quiero volver a tener aquellos  mismos sueños de cuando era niño y que solamente soñaba. Seguir soñando hoy  como padre y como hombre adulto, volviendo al principio de mis orígenes.

Todos esos sueños y recuerdos solo se podrán reencontrar en ese lugar, donde comenzaron mis primeros días y donde descansan mis antepasados al lado de su tumba, pisando las tierras que ella piso. Lugar donde comenzó mi vida, la forma de entender ésta; de vivir y dejar vivir, de intentar no cambiar nunca porque así somos y porque  así queremos ser, que quiero seguir sintiéndome orgulloso de mis orígenes, de la tierra de  mis padres, de este conjunto que se llama España  por la que camino y en la que vivo de la que nunca me marchare, donde viven mi mujer y mis hijos. Quiero volver a tener los mismos sueños de la  infancia, volver a ser ese niño  travieso  al que su abuela adoraba, enseñaba y protegía.

The Elephant
 

A MI MADRE

“Añoro el pan de mi madre,
el café de mi madre,
las caricias de mi madre,
día a día,
la infancia crece en mí
y deseo vivir porque
si muero, sentiré
vergüenza de las lágrimas de mi madre.
Si algún día regreso, tórname en
adorno de tus pestañas,
cubre mis huesos con hierba
purificada con el agua bendita de tus tobillos
y átame con un mechón de tu cabello
o con un hilo del borde de tu vestido.
Tal vez me convierta en un dios,
sí, en un dios,
si logro tocar el fondo de tu corazón.
Si regreso. Tórname en
leña de tu fuego encendido
o en la cuerda de tender en la azotea de tu casa
porque, no puedo sostenerme
sin tu oración cotidiana.
He envejecido.
Devuélveme a las estrellas de la infancia
para que pueda emprender
con los pájaros pequeños
el camino de regreso al nido donde tú aguardas".

Mamad Darwish   

"Aquel que desconoce la más absoluta lealtad es porque nunca ha tenido un perro"

“ El hecho simple de que mi perro me quiere más que yo a él constituye una realidad tan innegable que, cada vez que pienso en ella, me avergüenzo”  Konrad Lorenz  

“ El deseo de tener un animal tiene su origen en el antiguo deseo primario, el deseo del hombre moderno de volver al paraíso perdido.”  Konrad Lorenz

Hachiko nació en Noviembre de 1923 en la prefectura de Odate, provincia de Akita, al norte de Japón. Era un perro de raza Akita, macho y de un intenso color blanco.
La suerte iluminó a Hachiko cuando a los 2 meses de edad fue enviado a la casa del profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio Dr. Eisaburo Ueno. El profesor lo llevó a su hogar situado cerca de la estación Shibuya, y allí demostró ser un bondadoso y amable dueño. El perro por su parte lo adoraba.
Desde luego, Hachiko no podía acompañar a su amo hasta la universidad. Pero lo que sí hacía era dejar la casa todas las mañanas con el profesor y caminaba junto a él hasta la estación Shibuya.
El perro observaba como su dueño compraba el boleto y luego desaparecía entre la multitud que abordaba el tren. Más tarde, Hachiko acostumbraba sentarse en la pequeña plaza y esperaba allí a su dueño quien regresaba de su trabajo por la tarde.
Esto sucedía todos los días. Así es como la imagen del profesor con su perro se volvió familiar en la estación Shibuya, y la historia de la lealtad de este animal se diseminó por los alrededores con mucha facilidad. Las personas que transitaban por Shibuya siempre comentaban este hecho.
Una tragedia irrumpió la tarde del 21 de mayo de 1925. La salud de profesor no era muy buena en esos días y repentinamente sufrió una ataque cardíaco en la universidad. Él falleció antes de poder regresar a casa. En Shibuya, el perro esperaba enfrente de la estación.
Muy pronto las noticias sobre la repentina muerte del profesor alcanzaron Shibuya. Inmediatamente muchas personas pensaron en el pobre perro que lo había acompañado todos los días. Varios tuvieron la misma actitud y fueron a la pequeña plaza para convencer al perro de que volviera a su hogar, como si él pudiera comprenderlos.
A la mañana siguiente Hachiko fue visto enfrente de la estación, esperando a su amo. Aguardó todo el día en vano. Al día siguiente estaba allí nuevamente y así sucedía día tras día. Los días se volvieron semanas, las semanas meses, los meses años y aún así, el perro iba cada mañana a la estación, espera el día entero y al llegar la hora de regreso de su amo, buscaba entre todos esos rostros extraños a áquel que amaba. No tenía en cuenta las condiciones climáticas, lluvia, sol, viento y nieve no impedían su diario peregrinar al encuentro de su amo, la lealtad hacia su amigo humano nunca pereció.
La lealtad demostrada por Hachiko tuvo un extraordinario efecto entre los japoneses pobladores de Shibuya. Él se transformó en un héroe, la figura más amada del área. Los viajantes que se ausentaban por un largo período siempre preguntaban por él a su regreso.
En el mes de abril de 1934 los bondadosos habitantes de Shibuya contrataron a Teru ( Shou) Ando, un famoso escultor japonés, para que realizara una estatua en honor su amigo Hachiko. El escultor estuvo encantado de realizar ese trabajo y la estatua de bronce fue colocada enfrente de la estación, donde solía esperar Hachiko.
Casi un año más tarde, el 7 de marzo de 1935 Hachiko falleció al pie de su propia estatua debido a su edad, pero eso no impidió que su historia y la estatua de Teru Ando se hicieran famosas por todo Japón.
Durante la guerra todas las estatuas fueron fundidas para la elaboración de armamento, la de Hachiko no escapó de esa suerte y lamentablemente el escultor fue asesinado. Pero los pobladores de Shibuya continuaban recordando a Hachiko y su mensaje de lealtad. Así fue como decidieron formar una Sociedad para el reemplazo de la estatua de Hachiko, y dicha sociedad contrató al hijo de Teru Ando, Takeshi Ando, quién también era un excelente escultor.
Hoy en día, la exquisita estatua de Hachiko permanece en el medio de la plaza enfrente de la estación Shibuya. Se puede encontrar alrededor de ella fuentes, puestos de diarios y revistas y personas sonrientes contándoles la historia de Hachiko a los pequeño o los no tanto.
El 8 de abril de cada año se conmemora a Hachiko en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.
Los restos de Chuken Hachiko (en japonés el leal perro Hachiko) descansan junto a los de su amo el Dr. Eusaburo Ueno.En una esquina de la sepultura de su dueño en el Cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio. 

El nacimiento de un nuevo elefante a menudo es un gran acontecimiento. Desde los primeros signos que anuncian el parto, las hembras adultas y las adolescentesrodean a la madre, alentándola con el sonido grave y dulce que emiten con su garganta y amplifican con su trompa. Cuando se produce el parto, toda lafamilia se precipita para rozar con su trompa al recién nacido. La madre, entretanto, intenta liberar a la cría de su envoltorio placentario con la ayuda de las hembras más allegadas. Terminada esta tarea, el pequeño elefante, que no supera los 120 k., yace en el suelo, todavía mojado e incapaz de levantarse. Con infinitas precauciones, la hembra lo levanta del suelo, pero lo más probable es que el pequeño siga sin poder sostenerse sobre sus patas. Poco tiempo después, sin embargo, ya podrá dar sus primeros pasos y tomar su primera dosis de leche materna.
Más allá del grupo de vínculo, la organización social depende sobre todo del agua, y no tanto de los lazos de sangre. Los elefantes que comparten la misma área  deambulan juntos durante la estación seca. Los miembros del clan se alimentan a menudo juntos y se desplazan en masa de una zona de alimentación a otra.
Pese a no estar vinculados por sus genes como las hembras, los machos no se limitan a formar asociaciones temporales.
Las familias que pertenecen a un mismo grupo del vínculo se alejan a menudo a varios kilómetros de distancia, especialmente durante la estación seca, y sin embargo continúan estando en contacto, como demuestra su capacidad para reagruparse con rapidez. Aunque en ocasiones los elefantes barritan abiertamente, muchas otras dan la impresión de comunicarse en silencio, pudiendo salir corriendo en estampida o inmovilizarse de repente. Parece como si los elefantes tengan un sexto sentido que les informa sobre el paradero y las actividades de otros miembros de su especie.
También les permitieron saber que, cuando dos elefantes del mismo grupo vuelven a encontrarse tras una larga separación, se saludan “en silencio”; o los machos en celo se evitan emitiendo un mensaje sobre su agresividad latente, y que las hembras receptivas se comunican con los machos de alto rango para alertarles de los intentos de un usurpador.
A pesar de su aspecto grande y bruto los elefantes son animales muy sociables y extremadamente inteligentes. Los estudios acerca de su comportamiento han demostrado que estos animales presentan rasgos muy característicos de su especie y en ocasiones, parecidos emocionales a la del ser humano.
Por ejemplo, tienen sentido de la familia, de la muerte, de la amistad y de la lealtad. Saben lo que es un cadáver de su especie y parecen tratarlo con respeto cuando lo encuentran durante sus viajes; son capaces de reconocer y llorar por los restos mortales de alguno de sus familiares. Y sí, parece que su capacidad de recuerdo llega incluso a superar al  nuestro.
De ahí lo de “tener memoria de elefante”.

El elefante de Sumatra se extinguirá en 30 años si continúa la deforestación de su hábitat natural, La selva de Sumatra. El estado de conservación del elefante de Sumatra ha pasado de ‘amenazado’ a ‘gravemente amenazado’. Su población se ha visto reducida a la mitad desde 1985. La razón principal es la pérdida del 70% de su hábitat en dos décadas, debido a la deforestación. Para WWF es crucial una moratoria inmediata de la transformación del territorio para garantizar la supervivencia de la especie.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha clasificado al elefante de Sumatra (Elephas maximus sumatranus) ‘en peligro crítico de extinción’ dentro de la Lista Roja de Especies Amenazadas. Hoy en día tan sólo sobreviven de 2.400 a 2.800 ejemplares en estado salvaje, una reducción de alrededor del 50 por ciento de la población de 1985.
Los científicos afirman que si continúan las tendencias actuales, el elefante de Sumatra podría extinguirse en menos de 30 años.
Según la Lista Roja de la UICN, "Aunque el elefante de Sumatra está protegido por la legislación de Indonesia, el 85 por ciento de su hábitat se encuentra fuera de las áreas protegidas, y puede ser transformado en terrenos agrícolas”. Sumatra mantiene algunas de las poblaciones más importantes de elefante asiático fuera de la India y Sri Lanka. Sin embargo, la isla ha experimentado la tasa de deforestación más rápida de la zona: más de dos tercios de bosques de llanura en los últimos 25 años – lo que ha provocado la extinción local de los elefantes en muchas zonas.
Carlos Drews, director del Programa Global de Especies de WWF, explica: "El elefante de Sumatra se une a una creciente lista de especies en Indonesia que están en peligro de extinción, como el orangután de Sumatra, el de Java y los rinocerontes y el tigre de Sumatra”. Y añade: "A menos que se adopten medidas de conservación se tomen de forma urgente y efectiva, estos magníficos animales desaparecerán de la Tierra".
WWF hace un llamamiento al Gobierno indonesio para prohibir todas las transformaciones de los bosques que forman parte del hábitat de los elefantes hasta que se ponga en marcha una estrategia de conservación para estos animales. La organización recomienda que el gobierno realice una evaluación para ubicar y designar grandes áreas protegidas.
El experto en elefantes asiáticos Ajay Desai opina: "Es muy importante que el Gobierno de Indonesia, las organizaciones conservacionistas y las empresas agro-forestales reconozcan la crítica situación de los elefantes y otros animales salvajes en Sumatra, y tomen medidas eficaces para su conservación". Y concluye: "Indonesia debe actuar antes que sea demasiado tarde para proteger los últimos bosques naturales de Sumatra, especialmente el hábitat de los elefantes".
Por poner un ejemplo, en la provincia de Riau (Sumatra), las industrias de pulpa y papel, así como las plantaciones de palma aceitera, están causando algunas de las tasas de deforestación más rápidas del mundo. El número de elefantes se ha reducido un escandaloso 80 por ciento en menos de 25 años. La fragmentación hace que el espacio en que estos animales pueden vivir en libertad se limita a algunos pequeñas manchas de bosque. Las poblaciones no tienen probabilidades de sobrevivir en el largo plazo.
Anwar Purwoto,WWF Indonesia opina: "La provincia de Riau ya ha perdido seis de sus nueve grupos de elefantes. La provincia de Lampung ha visto como disminuían sus familias de 12, en la década de 1980, a sólo 3 en 2002, como consecuencia de la pérdida de bosques. Sólo dos de los grupos restantes son considerados biológicamente viables.
"A mediados de la década de 1980, en Sumatra había 44 poblaciones de elefantes repartidos en sus ocho provincias, y la isla todavía tenía la mitad de sus bosques naturales," dijo el Dr. Christy A. Williams, director del Programa del Elefante Asiático del WWF. "Debido a la conversión de los bosques para el asentamiento humano y la producción agrícola, muchas poblaciones de elefantes han entrado en grave conflicto con los seres humanos. Como resultado, un gran número de elefantes han sido capturados o asesinados".
WWF hace un llamamiento a todas las partes interesadas, incluido el Gobierno de Indonesia, las compañías de aceite de palma, los miembros de la industria de pulpa y papel y las organizaciones de conservación, a trabajar juntos para conservar el hábitat del elefante de Sumatra.

Durante 2012 al menos han asesinado a 200 elefantes por su marfil en Camerún
Al menos 200 elefantes han sido abatidos desde mediados de enero en el norte de Camerún por guerrilleros sudaneses que usan la venta del marfil para financiar sus actividades, denunció hoy la web del Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW, en sus siglas en inglés) .
En un comunicado divulgado en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), la organización asegura que al menos 100 cadáveres de los paquidermos han sido localizados en el Parque Nacional Bouba Ndjida, en la frontera con Chad, y que los enfrentamientos armados en la zona han impedido realizar una exploración mayor de la reserva natural.
Según los datos de IFAW, numerosas crías de elefantes han quedado huérfanas, y se teme que acaben muriendo de hambre y sed sin la protección de la manada.
La portavoz de IFAW Celine Sissler-Bienvenu aseguró que las incursiones de bandas armadas sudanesas desde la vecina Chad son frecuentes durante la temporada de sequía.
Los guerrilleros entran en el país para dar caza a los elefantes y comerciar con su marfil, aunque según la organización, la “masacre masiva” de este año no tiene precedentes.
“El marfil se introduce de manera ilegal en África Occidental y Central para su venta en los mercados de Asia y Europa, y el dinero obtenido se dedica a comprar armas que mantienen los conflictos armados de Sudán y la República Centroafricana”, dijo Sissler-Bienvenu.
El IFAW aseguró que las embajadas de EE.UU., la Unión Europea, Francia y Reino Unido han alertado ya de la situación en el Parque de Bouba Ndjida, y han instado a las autoridades a tomar acciones urgentes para detener la caza furtiva de estos animales.
Se desconoce el número exacto de elefantes que quedan en Camerún, pero, según el Informe de Situación de la Población de Elefantes de 2007, realizado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el país tiene entre mil y 5 mil ejemplares. 

El sonido de la naturaleza MAISHA NA TEMBO

Carlos de Hita

Nunca he matado un elefante, a pesar de que ciertamente lo he intentado. Nunca he tenido a tiro uno cuyos trofeos valieran la pena de cometer ese crimen. No, no crimen, pecado.
John Houston, A libro abierto, Autobiografía
Maisha na tembo, en swahilli “Salud a los elefantes”. Se ha hablado mucho de elefantes últimamente. Sobre las motivaciones económicas, éticas y hasta estéticas de la caza de estos animales tranquilos. Se argumenta que las cacerías, allí donde están autorizadas, generan recursos para la conservación de la especie, o que sirven para frenar el impacto sobre la vegetación de estos gigantescos devoradores de árboles.
Pero todas estas razones no tienen en cuenta quiénes son en realidad los elefantes. Abatir un elefante no es sólo eliminar un individuo. Las manadas de elefantes, las familias, mejor dicho, están unidas por vínculos tan estrechos que la muerte violenta de uno de ellos supone un corte traumático que afecta emocionalmente a todo el grupo.
En estos casos mejor que opinar uno es darle la palabra a los que saben. Lo que sigue es un relato sobre la capacidad de comunicación, la socialización y las consecuencias de la muerte de elefantes, combinando para ello los textos de tres autores: Peter Matthiessen, el observador más humanista de la fauna salvaje; Cynthia Moss, que ha pasado tres décadas estudiando elefantes en su medio natural, y mi amigo Fernando González Iglesias, autor de la página del cuaderno de campo que ilustra esta entrega y que ha filmado a los elefantes en numerosas ocasiones.
Mattiessen:
“En realidad, los misterios del elefante se están descubriendo. Ahora se sabe que este animal puede emitir señales de baja frecuencia y otros mensajes colosales a través de kilómetros de desierto, y cada vez parece más evidente que comprende la muerte, algo que hasta ahora se creía exclusivo de nuestra especie”.
 Moss:
“El descubrimiento del empleo del infrasonido por parte de los elefantes resultaba fascinante por sí mismo, pero abría también una amplia serie de nuevas interpretaciones de su conducta (...). Como es sabido, los sonidos de baja frecuencia viajan a través de grandes distancias y se ven menos afectados por los árboles y los arbustos que los sonidos de alta frecuencia. Teóricamente, alguno de los sonidos que se han grabado en Amboseli (hasta 115 decibelios) pueden alcanzar los 10 km, lo cual explica la coordinación de movimientos y de conducta por grupos separados de elefantes. Las llamadas de contacto y las respuestas no hay duda de que ayudan a los elefantes dentro de las familias y los grupos enlazados a encontrarse mutuamente. Estas y otras vocalizaciones pueden también permitir a los elefantes evitarse unos a otros”.
"(...). En su último año en el santuario, los 80 elefantes de Garth desaparecieron el mismo día en que empezaron a diezmar a otros elefantes en el parque situado a 160 km de distancia. Varios días después los encontró reunidos en el lado opuesto de la reserva, tan lejos de las fronteras del parque como pudieron llegar. De alguna manera, el mensaje de peligro y de muerte les había alcanzado a través de kilómetros y kilómetros”.
 González Iglesias:
“Cuando un hombre dispara contra un elefante dispara contra toda la manada. Las matriarcas relacionan al hombre y su olor con los disparos y el grupo entero corre el riesgo de volverse agresivo con los seres humanos. Por esta razón, la caza controlada para el control de sus poblaciones en parques y reservas no puede hacerse de forma selectiva. Si se dispara a uno hay que acabar con la familia, con el grupo social entero. Y semejante barbarie se ha hecho en aras de la conservación”.
Moss:
“Matar los elefantes parece la solución más simple y más directa, pero sólo para la gente que no han observado individuos de más de 14 años; que no han visto elefantes saludarse unos a otros con berridos de alegría; que no han visto a elefantes adultos, junto a las crías, correr y jugar por una zona arcillosa y abierta a la luz de la luna; que no han visto elefantes tratar de alzar y sujetar a un compañero herido; que no han visto a una hembra quedarse al lado de su bebe muerto durante cuatro días; o que no han visto a una cría de siete años acariciar y frotarse y olisquear la mandíbula de su madre muerta”.
Matthiessen:
“Hay un misterio tras ese rostro gris enmascarado, y una fuerza vital y antigua, delicada y fuerte, impresionante y prodigiosa, que impone el silencio reservado comúnmente a las cumbres de las montañas, los grandes incendios y el mar”.
Toda la información sobre el lenguaje y la socialización de los elefantes en www.elephantvoices.org  

D.José Ramón Marcos Sánchez

El elefante grande y fuerte, es el símbolo de misticismo y la sabiduría, ha sido como un mito para muchos hombres en las fronteras entre el mundo de la conciencia mágica y la fantasía ante su grandeza e inteligencia. 

El Elefante

Animal herbívoro, no carnívoro, no violento, un animal pacifico.
Un elefante lleva luto por sus parientes, presenta reacciones dramáticas ante el cadáver de otro elefante. Respeta huesos y restos de otros ejemplares de su especie. Cuando reconoce un cadáver de un elefante regresa sistemáticamente a investigar los huesos y colmillos regados por el camino. Un elefante siempre visita los huesos de sus parientes.

Un humano luce orgulloso su bestialidad y vive 80 años. Vive 80 años pero…, maldice… su transitoria inmortalidad; muy poco tiempo para aprender lo que le está permitido a un elefante. Un hombre puede emocionarse  con la inteligencia y sensibilidad de estos animales, con la atención de las madres con sus crías, con sus juegos y reyertas, poderosos, grandes y terriblemente pacíficos con su especie. He mirado esos ojos de los elefantes a los que  hombres con poder se deleitan fusilando cobardemente. El hombre luce orgulloso su bestialidad descendiente de “gabacho” orondo en su libre albedrío y en pleno desuso de sus facultades mentales.

Mi padre pensaba que los elefantes pensaban en el futuro. Si es cierto; pero un elefante entra corriendo en una cacharrería de Kenya. Las calles son estrechas y las casas frágiles. Un cuerpo de elefante es torpe y pesado. La carrera del elefante arrasa con las casas y las cosas.
A eso el hombre lo llama barbarie, devastación, lo llama violencia, agresión de bestia, lo llama, como lo llama. No lo llama dolor de animal herido. No lo llama horror de animal desamparado. No lo llama animal perdido tras la manada.
Entonces el hombre grita, constata sus daños en la comisaría más cercana a su domicilio, que ya no existe porque pasó un elefante desamparado. Nadie repara en un elefante solitario animal herido que tiene hambre y tiene sed y que está perdido en la evolución.

Un elefante mira como sus colmillos, le crecen como a los niños los dientes de leche. Pero viene el hombre y se los roba para peones de ajedrez, figuras de marfil, piezas de dominó, instrumentos musicales, mangos de cuchillo, aisladores eléctricos, bolas de billar. Lo transforman en Elefante Blanco. El resto se lo disputan los ilógicos zoológicos, de turno.

Un hombre asesina elefantes sin medir las consecuencias para el resto de la manada al desatar estallidos de dolor. Eso no lo entiende Juan, eso no lo entiende el papa Ratzinger. Eso no lo entendieron nunca los hombres organizadores de los safaris; para los hombres élite.

Los elefantes visitan a sus enfermos como manda el cristianismo, sienten algo parecido a la compasión. Se ayudan, se acompañan cuando están enfermos y se rinden homenaje cuando alguno fallece. Una elefanta que agoniza, es una elefanta protagonista. Entonces recibe asistencia de alguna hembra de otra familia, intenta ayudarla a incorporarse varias veces con sus colmillos. La elefanta muere y allí mismo recibió las condolencias de otras familias. Muestran dolor por el cadáver, lo huelen lo tocan con sus colmillos y patas. Es genuino interés por sus enfermos agonizantes o ya muertos, aun sin tener un vínculo directo.

Debemos ser como los elefantes…..con grandes y pesados pies, para ponerlos fijos en la tierra y no elevarnos de la realidad de la misma. Con orejas grandes… para oír y escuchar los problemas y no actuar a ciegas.
Con boca chica…. para no andar parafraseando y hablando de aquello que no sabemos. Con largo colmillo… para saber actuar en los momentos difíciles de la vida. Tener la piel áspera y dura… para aguantar los embates de los demás, cuando la vida nos da la espalda. Tener la cola….corta, sí corta, muy corta…, para que nadie pueda hablar mal de nosotros.
Tener memoria…. para no olvidar jamás quien hemos sido y de donde hemos venido.

© 17 abril 2012

The Elephant

"En algún lugar bajo la lluvia siempre habrá un perro abandonado que me impedirá ser feliz." Jean Anouilh  

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