Todos aquellos que nos movemos en este mundo del Trading, miramos para el pasado, tanto en el tiempo como en los gráficos, para saber por donde mañana amanecerán los mercados y que posiciones debemos de tomar ante esos movimientos.

Por eso todos los grandes traders americanos, están volviendo la vista al pasado, para recordar al gran operador de acciones, Jesse Lauriston Livermore. El trader Livermore comenzó ganando 5 dólares a la semana por anotar números en una pizarra, fue su primer salario.

De las operaciones que realizaba, todos sus amigos pensaban que estaba loco, o que tenía información privilegiada. “La cinta lo dice todo” fue su frase favorita, por eso se puso corto en “Unión Pacific”. Cuando el poder económico de un hombre se media por la cantidad de acciones que tenía en los ferrocarriles. Cuando todo subía, el se puso corto, un terremoto beneficio sus posiciones en corto.

Por intuición, por casualidad o por conocimiento, Livermore sintió que algo estaba sucediendo en el mercado en forma de techo, ante la manipulacion de la oferta monetaria. Decidió vivir fuera de sus oficinas en los días previos al 29 de octubre. Fue el llamado crack de 1.929

A medida que la noticia comenzó a propagarse sobre que los traders habían perdido todo su dinero en el Martes Negro, ante la expansión del pánico. Dorothy y sus hijos en su casa comenzaron a sentir el mismo pánico que el mercado, ante el temor de la nueva ruina de su marido. Cuando Jesse Livermore regresó, ellos estaban llorando sobre la forma en la que se habían arruinado nuevamente, sin darse cuenta de que su marido había ganado 100.000.000 $ al ir en posiciones cortas.

Su vida fue como fue, subidas y caídas para rehacerse nuevamente con grandes fortunas. Amantes, lujos, tres grandes yates, el último podría parecer al Corsair, el yate de JP Morgan. Livermore compraría el Anita III con el fin de emular Morgan.

Sus casas las cuidaban los mayordomos, doncellas, cocineros, jardineros y más de una vez dilapido el dinero para que todo siguiera funcionando, cuando Dorothy se había divorciado de nuevo.

La casa ha representado una década de la familia y la alegría, y esta fue vendida y demolida. Joyas y el anillo de bodas que Livermore había dado Dorothy, se vendieron por unos pocos dólares - Livermore sentía humillado, se hundió más profundamente en la depresión por los problemas familiares y la derrota del café. Ahí, acabo su recorrido como hombre y como trader, en un hotel, con un revolver en la mano.

Como legado nos dejo su experiencia, sus textos, sus tácticas y su forma de ser. Posiblemente, jamás volverá a haber un trader en el mundo como él lo fue.

El Sr. Lefevre escribió de él: "Si un hombre no comete los errores que el había cometido, puede poseer el mundo en un mes”

"Ningún hombre puede siempre tener razones suficientes para la compra o venta de acciones diarias, o conocimientos suficientes para hacer su juego, en un juego inteligente"

"No hay nada nuevo en Wall Street. No lo puede haber, debido a que la especulación es tan vieja como las montañas. Pase lo que pase en el mercado de valores hoy, ha sucedido antes y volverá a suceder"

 
Y yo, que solo miro para atrás para intentar ver un poco de futuro, tengo más miedo a los expertos de bolsa, que a la bolsa en si misma, sus opiniones sus razonamientos me llevan a pensar que un trader debe de ser un hombre solitario mientras opera en bolsa. Cualquier opinión ajena mancha nuestra mente de ideas que deben de ser claras, que son las que siempre debemos de tener.

Algunas opiniones son tan descabellas, como son los movimientos de los Índices de la misma bolsa, y... por eso no veo entradas de esos expertos, solo opiniones, confusión y la palabrería de intentar adivinar el mercado. Olvidándose que el mercado es, como el mar atlántico, siempre en movimiento, unos días más y otros también, sin olvidar las tormentas de otoño que lo mueven con gran dureza.

No podemos dejarnos de engañar por aquellos que quieren pensar por nosotros. Nosotros, somos los que arriesgamos nuestro dinero en entradas acertadas o fallidas. Pero es nuestra mente la que nos tiene que indicar cuando y donde estamos equivocados. Para aprender de los aciertos del Sr. Livermore, he intentar no cometer sus errores.

The Elephant

2/8/2015