Poesías VIII

Escrito por Super User. Publicado en Poesía

Ausencia

El niño que no vino
Tiene los labios fuertes
Tiene las manos tiernas
El alma como nube

No es nadie
Es sólo un niño
Saca viejas monedas
Del bolsillo de Dios
Se parece a la madre
Su misma risa ancha
Su corazón a saltos

Juega con los silencios
Y con ellos hace otros
Silencios
Y se aburre

El niño que no vino
No viene
Porque cree
Que todo el que aquí nace
No se muere
Después.
D. Mario Benedetti
 

Por que llegaste a mi vida
Y lo hiciste las tardes lluviosas
Porque llegaste a borrar cicatrices de mi corazón
Porque llegaste las noches de buenas son maravillosas
Porque sin ti; las neblinas oscuras apagan mi sol

Un millón de rosas {rosas}
Por lo que as hecho con migo {rosas}
Serian pocas te digo si te has llevado el dolor
Un millón de rosas {Rosas}
Que hablaran todas contigo {rosas}
Tú sabes lo que percibo enamorarte mi amor
Rosas para amarte
Rosas para hablarte de mi amor
Rosas para hablarte de amor

Por que llegaste a mi vida
Y lo hiciste las tardes lluviosas
Porque llegaste a borrar cicatrices de mi corazón
Por que llegaste las noches de buenas son maravillosas
Por que sin ti; las neblinas oscuras apagan mi sol

Un millón de rosas {rosas}
Por lo que has hecho conmigo {rosas}
Serian pocas te digo si te has llevado el dolor
Un millón de rosas {rosas}
Que hablaran todas contigo {rosas}
Tú sabes lo que percibo enamorarte mi amor
Rosas para amarte
Rosas para hablarte de mi amor
Rosas para hablarte de amor

Esta es una canción inolvidable ...... la primera vez que la amaba.... cuando el amor es puro, cuando es hermoso.......cuando solo es amor........ cuando yo tenia mis 20 años ........ cuando yo caminaba con ella por los bulevares en los crepúsculos de finales del verano ..... cuando un frío día ...... cuando ambos solo teníamos juventud..... yo, solo yo.... prometí conquistar el mundo para ti.... yo .... yo .... solo quería ver otros mares...... otras lunas..... otras gentes...... cuando tu alma solo quería mi luna .... solo mi luz.... solo mi camino... en silencio... y... solo tú... clavases tus ojos en los míos...... como la última despedida..... recogiste tu dolor... y te fuiste en silencio......te alejaste de mí.... tus ojos..... sí, solo tus ojos.... tus frías manos....tus manos solo querían el calor de mis manos.... y tú......hiciste que me incline ante el viento..... ante el recuerdo..... ante el error... sí, dejarte partir.... la despedida.... tu mirada.... tus ojos..... hacen que ahogue el recuerdo, en un alcohol infame...... me buscaste y no fui....huí de ti........, sin saber de que huía....me llamaste y no conteste......ahora que han pasado muchos días..... muchas lunas..... muchas noches...... tus manos..... tus ojos, tus grandes ojos..... son mi mayor castigo.... tu recuerdo..... te busque y no estabas ....... no conseguí encontrarte...... solo recuerdo tu música.... sí.... solo me queda la música...... es el de tu recuerdo.....¿todavía tu recuerdo?..... la música de tu recuerdo


  

Educar es lo mismo
que poner motor a una barca...
hay que medir, pesar, equilibrar...
y poner todo en marcha.
Para eso, uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...
un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia concentrada.
Pero es consolador soñar mientras uno trabaja
que ese barco, ese niño irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día está durmiendo nuestra propia barca
en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

 

Ayer, sin ti,
me abrigó el invierno
envuelta en los recodos
de tu ausencia.
Hoy, junto a ti,
me visto de amor
con el pincel de estrellas
de tus ojos.
Desovillando el ayer
de la memoria.
absorbiendo un perfume conocido,
se exilian mis caricias
en tu cuerpo.
De tanto acariciarlo,
con los dedos de la memoria,
llevo tu nombre desgastado
en los pliegues del corazón.

© Lucía

  

BLAS DE OTERO
Amigo Blas de Otero: Porque sé que tú existes,
y porque el mundo existe, y yo también existo,
porque tú y yo y el mundo nos estamos muriendo,
gastando nuestras vueltas como quien no hace nada,
quiero hablarte y hablarme, dejar hablar al mundo
de este dolor que insiste en todo lo que existe.

Vamos a ver, amigo, si esto puede aguantarse:
El semillero hirviente de un corazón podrido,
los mordiscos chiquitos de las larvas hambrientas,
los días cualesquiera que nos comen por dentro,
la carga de miseria, la experiencia —un residuo—,
las penas amasadas con lento polvo y llanto.

Nos estamos muriendo por los cuatro costados,
y también por el quinto de un Dios que no entendemos.
Los metales furiosos, los mohos del cansancio,
los ácidos borrachos de amarguras antiguas,
las corrupciones vivas, las penas materiales...
todo esto —tú sabes—, todo esto y lo otro.

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo.
La llama que nos duele quería ser un ala.
Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.
Tú, tan serio, tan hombre, tan de Dios aun si pecas,
sabes también por dentro de una angustia rampante,
de poemas prosaicos, de un amor sublevado.

Nuestra pena es tan vieja que quizá no sea humana:
ese mugido triste del mar abandonado,
ese temblor insomne de un follaje indistinto,
las montañas convulsas, el éter luminoso,
un ave que se ha vuelto invisible en el viento,
viven, dicen y sufren en nuestra propia carne.

Con los cuatro elementos de la sangre, los huesos,
el alma transparente y el yo opaco en su centro,
soy el agua sin forma que cambiando se irisa,
la inercia de la tierra sin memoria que pesa,
el aire estupefacto que en sí mismo se pierde,
el corazón que insiste tartamudo afirmando.

Soy creciente. Me muero. Soy materia. Palpito.
Soy un dolor antiguo como el mundo que aún dura.
He asumido en mi cuerpo la pasión, el misterio,
la esperanza, el pecado, el recuerdo, el cansancio,
Soy la instancia que elevan hacia un Dios excelente
la materia y el fuego, los latidos arcaicos.

Debo salvarlo todo si he de salvarme entero.
Soy coral, soy muchacha, soy sombra y aire nuevo,
soy el tordo en la zarza, soy la luz en el trino,
soy fuego sin sustancia, soy espacio en el canto,
soy estrella, soy tigre, soy niño y soy diamante
que proclaman y exigen que me haga Dios con ellos.

¡Si fuera yo quien sufre! ¡Si fuera Blas de Otero!
¡Si sólo fuera un hombre pequeñito que muere
sabiendo lo que sabe, pesando lo que pesa!
Mas es el mundo entero quien se exalta en nosotros
y es una vieja historia lo que aquí desemboca.
Ser hombre no es ser hombre. Ser hombre es otra cosa.

Invoco a los amantes, los mártires, los locos
que salen de sí mismos buscándose más altos.
Invoco a los valientes, los héroes, los obreros,
los hombres trabajados que duramente aguantan
y día a día ganan su pan, mas piden vino.
Invoco a los dolidos. Invoco a los ardientes.

Invoco a los que asaltan, hiriéndose, gloriosos,
la justicia exclusiva y el orden calculado,
las rutinas mortales, el bienestar virtuoso,
la condición finita del hombre que en sí acaba,
la consecuencia estricta, los daños absolutos.
Invoco a los que sufren rompiéndose y amando.

Tú también, Blas de Otero, chocas con las fronteras,
con la crueldad del tiempo, con límites absurdos,
con tu ciudad, tus días y un caer gota a gota,
con ese mal tremendo que no te explica nadie.
Irónicos zumbidos de aviones que pasan
y muertos boca arriba que no, no perdonamos.

A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco.

Detrás de cada cosa hay otra cosa que es la misma,
idéntica y distinta, real y a un tiempo extraña.
Detrás de cada hombre un espejo repite
los gestos consabidos, mas lejos ya, muy lejos.
Detrás de Blas de Otero, Blas de Otero me mira,
quizá me da la vuelta y viene por mi espalda.

Hace aún pocos días caminábamos juntos
en el frío, en el miedo, en la noche de enero
rasa con sus estrellas declaradas lucientes,
y era raro sentirnos diferentes, andando.
Si tu codo rozaba por azar mi costado,
un temblor me decía: «Ese es otro, un misterio.»

Hablábamos distantes, inútiles, correctos,
distantes y vacíos porque Dios se ocultaba,
distintos en un tiempo y un lugar personales,
en las pisadas huecas, en un mirar furtivo,
en esto con que afirmo: «Yo, tú, él, hoy, mañana»,
en esto que separa y es dolor sin remedio.

Tuvimos aún que andar, cruzar calles vacías,
desfilar ante casas quizá nunca habitadas,
saber que una escalera por sí misma no acaba,
traspasar una puerta —lo que es siempre asombroso—,
saludar a otro amigo también raro y humano,
esperar que dijeras —era un milagro—: Dios al fin escuchaba.

Todo el dolor del mundo le atraía a nosotros.
Las iras eran santas; el amor, atrevido;
los árboles, los rayos, la materia, las olas,
salían en el hombre de un penar sin conciencia,
de un seguir por milenios, sin historia, perdidos.
Como quien dice «sí», dije Dios sin pensarlo.

Y vi que era posible vivir, seguir cantando.
Y vi que el mismo abismo de miseria medía
como una boca hambrienta, qué grande es la esperanza.
Con los cuatro elementos, más y menos que hombre,
sentí que era posible salvar el mundo entero,
salvarme en él, salvarlo, ser divino hasta en cuerpo.

Por eso, amigo mío, te recuerdo, llorando;
te recuerdo, riendo; te recuerdo, borracho;
pensando que soy bueno, mordiéndome las uñas,
con este yo enconado que no quiero que exista,
con eso que en ti canta, con eso en que me extingo
y digo derramado: amigo Blas de Otero.
Gabriel Celaya



Una lluvia que no cesa Un suspiro que perdí. Si tu cuerpo no me quiere. Yo no quiero mas de ti. El sol no sale. Este viento que me duele. Estas noches invernales. Que no me dejan dormir. No viviré ¡ Dolientes palabras Destino sin fin Un cuerpo sin alma No puede cantar. Medio frío, medio fuego. Castigada por amar. Esta vida se me escapa. Como un río que se va . Sigo llorando. Malgastándome la vida. Más que odio, me detesto Y si mi amor en vez de paz. Guerra me da. Dolientes palabras. Destino sin fin. Un cuerpo sin alma. No tiene mas futuro que morir. Respóndeme Señor. Contéstame, por Dios. No puedo hablar. Dolientes palabras. Destino sin fin. Un cuerpo sin alma. No tiene mas futuro que morir.

ALMA DESNUDA
Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
Con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia,
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega,
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

SIN TI
Sin ti, mi silencio mi soledad, mis lágrimas ahogan el mar,
tu eres el lugar en el que quiero estar,
Sé que es difícil de explicar a sí que, mejor siéntelo,
piérdete conmigo en un lugar que jamás existió,
y pasan los días aunque quiero que sean contigo.
siguiendo este camino me llevo hasta ti el destino,
y no paro de pensar en ti desde una habitación.
Se pelean por ti mi alma, mi cuerpo y mi corazón,
las agujas del reloj avanzan lentas sin ti.
Mi mundo muere en un sueño de papel sin fin,
sentir como se detiene el tiempo ahora,
si recuerdo tu mirada es porque hablaba sola.
Mi alma se consume escribiendo en nunca jamás,
relleno páginas vacías con lagrimas y un quizás,
más bien un ojala sea cierto que te tengo cerca.
Vivir contigo en un cuento del que nadie se dé cuenta.
Sueña despierto que yo viviré contigo en sueños,
vámonos lejos perdámonos entre nuestros besos,
no quiero que te vayas susúrrame al oído,
algo parecido, que siempre estaremos unidos.
Tuyos son mis secretos, tuyas son mis palabras,
mío es el castigo de alejarte mas.
Tú eres mi principio que nunca tendrá final,
soy delicada como una rosa y tan frágil como un cristal.
Es que sin ti siento que no tengo ganas de nada.
cierro los ojos para ver esta realidad lejana,
como la distancia que nos separa en el tiempo.
Lo siento si sufrí sin ti en este amargo silencio,
no hay día que no piense en ti, gracias por todas tus cosas,
gracias por una historia de dos tan maravillosa,
me da igual lo que pienses,
gracias por aquel día veintiséis.
Me da igual todo lo que piense de mi, todo mi alrededor,

todo se quedo corto al intentar expresarte mi amor,
la verdad es que yo ya no sé, ni quiero estar sin ti,
tu me enseñaste a amar, a saber lo que es ser feliz.


Esta música es muy triste, pero es la música que... que habla al alma de todas las expresiones del dolor que uno  siente, y que nunca  se dicen  a nadie. ..... el sonido de sueños de días lejanos, ....es difícil aguantar la respiración escuchando esta música .... parece haber un sentimiento  diferente cada vez.......se escucha  el tiempo que se siente como una  elevación para arriba ... hacia las nubes.... pero la otra mitad.... trae recuerdos y dolores que no pueden ser lavados en las lágrimas que lloran ....  me imagino bailando con la más hermosa chica del mundo.... no quiero ir más lejos de los sentimientos.....y tener una imagen de una interpretación de ballet  triste.... o una mujer hermosa bailando en la soledad de la oscuridad de la noche.... abandonada por su dios de la tierra que la abandona.... la escucho para la  soledad......esperando que el mundo continúe girando, en el mundo de los sueños.

 

EL SOLILOQUIO DE HAMLET

¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?
Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazón, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así!
¡Morir… quedar dormidos…
Dormir… tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
Eso es, eso es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran
al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando
una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida
su fardo abrumador?…
Pero hay espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos
haces unos cobardes, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbo, y sin acción murieron.

POSTRADO POR EL HOMBRE
Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte,
en mi triste destierro lloro a solas conmigo,
y agito al sordo cielo mi grito vano y fuerte,
y, volviendo a mirarme, mi destino maldigo,
y sueño ser como otro más rico en esperanza,
tener su mismo aspecto, gozar sus compañías,
y envidio el arte de éste, del otro la pujanza,
hastiado aún de aquello que me daba alegrías;
si en estos pensamientos mi desprecio me espanta,
pienso en ti felizmente, y entonces mi consuelo
como una alondra a orillas del día se levanta
del mundo oscuro, y canta a las puertas del cielo.
Tal riqueza me ofreces, dulce amor recordado,
que desdeño cambiar con los reyes mi estado.

Derrochador de encanto

Derrochador de encanto, ¿por qué gastas
en ti mismo tu herencia de hermosura?
Naturaleza presta y no regala,
y, generosa, presta al generoso.
Luego, bello egoísta, ¿por qué abusas
de lo que se te dio para que dieras?
Avaro sin provecho, ¿por qué empleas
suma tan grande, si vivir no logras?
Al comerciar así sólo contigo,
defraudas de ti mismo a lo más dulce.
Cuando te llamen a partir, ¿qué saldo
podrás dejar que sea tolerable?
Tu belleza sin uso irá a la tumba;
usada, hubiera sido tu albacea.
William Shakespeare

 
 

Nombre del Poema: A Colón
Rubén Darío

Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.
Un desastroso espirítu posee tu tierra:
donde la tribu unida blandió sus mazas,
hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra,
se hieren y destrozan las mismas razas.
Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza.
Desdeñando a los reyes nos dimos leyes
al son de los cañones y los clarines,
y hoy al favor siniestro de negros reyes
fraternizan los Judas con los Caínes.
Bebiendo la esparcida savia francesa
con nuestra boca indígena semiespañola,
día a día cantamos la Marsellesa
para acabar danzando la Carmañola.
Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertades yacen deshechas.
¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques,
a quienes las montañas daban las flechas! .
Ellos eran soberbios, leales y francos,
ceñidas las cabezas de raras plumas;
¡ojalá hubieran sido los hombres blancos
como los Atahualpas y Moctezumas!
Cuando en vientres de América cayó semilla
de la raza de hierro que fue de España,
mezcló su fuerza heroica la gran Castilla
con la fuerza del indio de la montaña.
¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas
no reflejaran nunca las blancas velas;
ni vieran las estrellas estupefactas
arribar a la orilla tus carabelas!
Libre como las águilas, vieran los montes
pasar los aborígenes por los boscajes,
persiguiendo los pumas y los bisontes
con el dardo certero de sus carcajes.
Que más valiera el jefe rudo y bizarro
que el soldado que en fango sus glorias finca,
que ha hecho gemir al zipa bajo su carro
o temblar las heladas momias del Inca.
La cruz que nos llevaste padece mengua;
y tras encanalladas revoluciones,
la canalla escritora mancha la lengua
que escribieron Cervantes y Calderones.
Cristo va por las calles flaco y enclenque,
Barrabás tiene esclavos y charreteras,
y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque
han visto engalonadas a las panteras.
Duelos, espantos, guerras, fiebre constante
en nuestra senda ha puesto la suerte triste:
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante,
ruega a Dios por el mundo que descubriste!