Reinas del té. Reyes del vino

Escrito por Super User. Publicado en Smile, please

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No soy escritor profesional, solo escribo para mí, para mis recuerdos, por lo tanto no esperen nada especial. Resumiendo, me encuentro contento y radiante.

Todo parecido con la realidad es pura casualidad.

Reinas del té, Reyes del vino.

Cuenta la leyenda, que había una isla situada en el meridiano de Greenwich, rodeada de lagos, ríos y agua por todas las partes. Con una democracia no escrita, la más vieja del mundo. Allí tengo mi admiración por el respeto que tienen de su representación Institucional, Su Majestad Isabel II, el respeto por las normas y por los animales, por la seriedad de su Parlamento. El Presidente de la Cámara, Los Comunes, cuando un diputado no se porta como es debido (si coge dinero de la caja, le tiran al Támesis) llama a sus ayudantes, esos hombres del mazo para que  saquen por la fuerza alguno de los allí presentes por faltar al respeto de alguna norma.

La ciudad la llaman London City, allí esta una de las mayores Bolsas del mundo, controlada por la FCA, para evitar que nos desplumen el mismo día que entramos en el mercado. Su río el Támeis, sube, baja todos los días, es decir todo el día moviéndose como el FTSE.

Sabemos que en Inglaterra no deja de llover, unos días llueve mucho y algunos días a mares, el resto de los días una especie de chirimiri que todo el día te esta mojando, siempre lloviendo, siempre con el jodido paraguas en la mano, hasta para ir al baño es necesario llevarlo y no es garantía de que allí no te mojes.

Allí hay un barrio para hacer trading, Canary Wharf. Allíi están sus grandes bancos, sus Agencias de Valores, todo a lo grande. Igual que en sus centros comerciales, en esas cafeterías con café y té de todas las clases, servidos por esas féminas, la unión de razas y culturas con esa eterna sonrisa de la belleza, mezcla anglo-hindú. Una maravilla el té y la persona que lo sirve mucho más. Los cafés a precio de pepitas de oro y el té con ese olor tan especial que tiene, que le da a uno esa paz que solo se siente cuando uno ve la lejanía del río.

Me encanta el escocés, [se sobreentiende que es] "whisky”. La Guinness, [se sobreentiende igualmente que es] “cerveza” aunque este hecha en Irlanda, la negra, (que uno no es racista) igual que, La Gin, ginebra inglesa, aunque esta ya no se beba tanto desde la última resaca. Este hecho afortunado fue el que hizo que de golpe se me quitara el vicio de fumar.

Pero lo que realmente me encanta del R.U. es la hora del té “thea fternoon tea”, las hojas de esa planta casi milagrosa hacen que esa hora sea especial para mi.

A esa hora el FTSE se mueve al compás de los Índices mundiales y, a la hora del té, es cuando estoy delante de la pantalla, entrando y saliendo, con el ojo abierto para que no me “partan la cara” por las “cabreas” o cabreos que se cogen los ingleses contra los morenitos españoles. En esa hora las“five”, es la hora que a mi me calienta un poquito el estomago y me tranquiliza el espíritu, es decir se me calman los animos, sobre todo tiene mis nervios en orden y otras partes del cuerpo. Siempre té a las cinco, esa hora es la mística. El ruidito de la tetera hirviendo avisa de lo que me espera, causándome una sensación especial y hace que me anime a enviar las órdenes al mercado. Personalmente las “five”, no las perdono por nada del mundo. Nada de café, eso no sirve, te pone nervioso, te pone el estómago negro y sobre todo ese de la PLaza Mayor, el recomendado por la políglota y poeta, la alcaldesa de Madrid.

Lo que echo de menos en el R.U. “la Isla de la Lluvia” es el sol; sale poco, no sale mucho, es decir casi nada, solo sale cuando le da la real gana y eso hace que me pase más tiempo en el Pub, que ante el teclado. Esta es una de las razones del porqué vienen tantos ingleses a Canary Islans; por el calorcito, para tostarse un poquito, coger color “bronce” y ligar con las morenitas, aparte de beberse toda la cerveza que tenemos.

Me encanta como su Graciosa Majestad, ella respetuosa y seria, el saber estar donde hay que estar y como estar. Dice ella, "please", se han muerto 60 ovejas y el contable dice, anotado, de nuevo dice “please 1.000 pounds for flowers” anotado, entregado al Parlamento. Cómo respeta la hora santa del té, las “five” y sobre todo como lleva la contabilidad. Una maravilla de control, algo para copiar en la Hispania. También sabemos que siempre al acostarse se toma un chupito de Gin, que la ayuda a conciliar el sueño. Este hecho se lo perdonamos porque nosotros también somos aficionados al “drink”, con cierta moderación claro, que sino no vemos los gráficos.

Esa es la diferencia de los ingleses con nosotros los españoles, ya que estos últimos nos empeñamos en no llevar una contabilidad como dios manda, es decir a la Siciliana. Donde dice DEBE entienden HABER, donde dice HABER entienden mío. Otra diferencia importante es; que bebemos vino por garrafones y cerveza por botellones, igualmente nos empeñamos en beber whisky o el famoso vino español por garrafones en lugar de por la botella, es decir a morro, sabiendo del efecto que tienen los excesos, sobre todo la bebida. Si fuera escocés no pondríamos objeción alguna, en mi caso soy habitual de unas copitas de escocés cuando el mercado me sonríe.

Los españoles siempre nos hemos llevado mal con los ingleses (a excepción de mi persona) y no entiendo el porqué. Creo que la culpa siempre fue de nuestros jefes, algunos condes, algunas condesas y algunas marquesas, con la escusa de que ellos eran altos guapos y rubios, a los que las féminas les picaban el ojo sin obtener respuesta alguna, contrariadas estas por la falta de delicadeza de los ingleses, porque luego tenían que irse con los españoles, esos toreros morenitos. Esto las disgustaba, de ahí vinieron esos disgustos familiares entre la Hispania y la Isla de la lluvia.

Sé que los antiguos de este país se han peleado con los ingleses en el pasado por una roca grande que no producía nada, olvidándonos que ellos, los ingleses, fueron los que más caña repartieron en la pelea y, que dejaron algunos barcos sin el timón de popa para que no pudieran navegar y luego hundirse en el Estrecho.

Una persona que intento hacer las paces entre los españoles y los ingleses, fue el Sr. Wellington cuando los franceses vinieron a España de vacaciones, allá por el año de 1.808 y se querían quedar aquí sin comprar nada y sin pagar su estancia. Nada de ir a la Costa del Sol como lo hacen hoy en día. Se fueron al centro, a la meseta a pasar frío; mala elección la suya. Cabreado el Sr. Wellington por una elección tan mala para hacer turismo, reunió unos centenares de ingleses, algunos encabritados portugueses a los que se unieron algunos del paro, sobre todo madrileños y andaluces, para ir al fiestorro de repartir “leches”.

Muy mal comportamiento tuvieron los franceses en el tiempo que estuvieron por aquí; por el hecho de comerse el trigo y las vacas del llamado populacho, mejor dicho del pueblo, pero sobre todo por no querer pagar la cuenta del huso y disfrute del que hicieron y por no dejar propina.

Cuando vinieron los “galos” de viaje a Hispania, algunos descendientes de aquellos pre-romanos, los primos de Gaba y del galo Vercingetorix, no se les ocurrió venir con ganas de trabajar, con un pico y una pala para quitar los Pirineos de en medio y hacer allí una ribera bien ancha y grande, que nos permitiera unirnos con Europa. Sí, esa montaña grande que impide el paso, que solo nos trae frío y nieve a la soleada España. Solo vinieron con caballos, sables y algunos cañones, sobre todo vinieron con ganas de comer cocido madrileño para terminar con una copa de coñac Soberano. Siempre se negaron a tomar el “coffee in the main Square”, es decir el café español de la Plaza Mayor.

A la fuerza se marcharon los franceses, cuando el Sr. Wellington se cogió la “cabrea” por lo del café, les quito en público los trajes de los desfiles militares, los smoking de las fiestas para dejarles con sus vergüenzas al aire. Este hecho les ocasiono un gran disgusto y mayor vergüenza a los “galos”, (pardon le français) que nunca nos lo perdonaron y mucho menos por las “leches” recibidas de los empecinados españoles y CIA. Los “the french” tuvieron tan mal comportamiento que solo se le puede ocurrir a un francés rencoroso y, para jod***os vivos, nos enviaron a Fernando VII, el mayor bellaco que ha usado una corona en el mundo.

Este elemento fue un personaje raro, con una vileza de un auténtico ser extraño. Fue pintado por D. Francisco de Goya, que nos refleja en este cuadro tal como era: talla mediana, mirada torva, prominente mandíbula, nariz borbónica, boca hundida, pestañas morunas, anchas caderas, hombros caídos, enjuto de pecho, barriga desparramá, con una cabeza no acta para el uso de casco militar, sino más bien para dar cabida a una campana mediana sin badajo, ya que el pintor no refleja en su cuadro los atributos que decía tener de macho hispano, es decir el paquete torero. Su peinado nos indica hasta donde puede llegar la degeneración de la inteligencia. Es decir para llevarlo a un concurso de feos y taraos.

El gran Groucho Marx decía: ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios propios ojos? Yo creo al Sr. Goya, que siempre fue un pintor realista.

Este Fernando, nunca tuvo buenas costumbres y mucho menos la de tomar el té de las cinco como la gente educada hace, a esa hora estaba de resaca o durmiendo la mona, de ahí le venía su mala leche. Se aficiono en exceso al vodevil, las juergas nocturnas en tascas baratas donde solo pedía vino peleón, no de reserva como el título lo requería. A consecuencia de este hecho tenía terribles pesadillas por los resacones en la mañana y por la noche. En una de esas noches de pesadilla y tormenta, se le ocurrió la vileza de un autentico Felón, traernos de la Francia a los descendientes de Vercingetorix, los 100.000 hijos de San Luis. De “San” nada, que vinieron todos con mala leche y cabreados. En compañía de estos tipos se cargo La Pepa (no era una fémina) fue la Constitución Liberal.

Fernando de apodo FELÓN, aficionado a todos los vicios y ninguna virtud, tuvo cosas muy irregulares, algunas surrealistas. En aquel entonces le pidió trabajo una persona en paro con seis hijos y Fernando le ofreció ser Canónigo de la catedral de Murcia, a lo que el buen hombre le dijo, -tengo seis hijos no puedo ser Canónigo-, Fernando le contesta, “si te andas con tantos escrúpulos jamás encontraras trabajo”.

El resto es historia

©  Junio 9/6/2014 The Elephant